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Eran ya las siete de la tarde, ya era hora de despertarle de la siesta. Se fue a la cama y se arrodilló en el suelo. Tenía la polla firme, como siempre que soñaba. Se la cogió con una mano y comenzó a masturbarle con lentitud, observando como se descapullaba el glande para luego volver a cubrirse.