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Me sentía incómoda por el calor. En un verdadero gesto desafiante, decidí cambiarme. Me saqué el pantalón, me puse la bombacha blanca, sin corpiño, un desabillé blanco transparente de la época de Diego y volví al comedor. Encendí un cigarrillo y me quedé un rato parada frente a la ventana. Como a las 23.10 hs., - miré el reloj -, sonó el teléfono.